El software de mensajería instantánea de Microsoft llegaría a su fin este viernes después de 14 años de brindar el servicio.
El Messenger, el software que hace poco más de una década
disparó una revolución en las comunicaciones, con facilidades nunca vistas de
diálogo por Internet al punto de detonar la explosión del sexo virtual, tiene
su muerte anunciada para el viernes de la semana próxima.
Ese día, el gigante informático estadounidense Microsoft
desactivará para todo el mundo, salvo China, los servidores que hacen funcionar
el programa de computación que hizo masiva la mensajería instantánea.
Eso no significará retroceso alguno en el cambio cultural
que gatilló, porque otros lo reemplazarán.
De hecho, el viejo programa venía perdiendo terreno ante las
redes sociales con chat integrado como Facebook y los sistemas de mensajería
móvil como Whatsapp.
La propia Microsoft ofrece en su reemplazo el Skype, mejor
diseñado para la videollamadas con voz.
Sin embargo, el software pionero, con sus íconos
característicos, sus zumbidos y emoticones, y que aún en decadencia sigue
siendo el más popular del mundo con 100 millones de usuarios, ingresará para
siempre al territorio de la nostalgia.
En rigor, las conversaciones por Internet habían comenzado
antes con sistemas precursores que permitieron por primera vez a personas de
cualquier parte del mundo conversar entre sí o en grupo, mediante frases
escritas.
El MSN Messenger llegó el 22 de julio de 1999 en plena
expansión de la banda ancha y la difusión de las computadoras hogareñas, con la
simplificación de permitir el diálogo con los propios contactos de correo
electrónico y desde cualquier máquina.
El "mésenyer" permitió charlar con amigos,
parientes y gente conocida en general, pero además, era el complemento ideal
para seguir en privado diálogos iniciados con recién conocidos en los sitios de
chateo, donde las personas, protegidas por seudónimos, se permiten hablar con
mucha libertad incluso de asuntos que no se atreverían a abordar bajo su
verdadera identidad.
Como en cualquier otro lugar, en las salas de chat es
posible conocer gente con intereses afines, discutir de política o iniciar una
amistad, pero también se puede, y solo en ellas, expresar sin tapujos el deseo
sexual explícito en todo el variado catálogo de la experiencia humana.
Como el nuevo programa ofrecía a quienes simpatizaran
establecer un contacto individual directo para seguir dialogando en privado y
al poco tiempo sumó la posibilidad de verse por cámara durante la comunicación,
se produjo una explosiva irrupción del sexo virtual.
El fenómeno fue estimulado, además, por la inhibición para
los contactos reales que aún causaba el temor al SIDA y con la tentadora
posibilidad de practicarlo con personas de lugares remotos que de otro modo
nunca se contactarían.
El chateo, con mayor o menor componente erótico, también fue
el preludio de citas y aventuras de suerte diversa y no exentas de riesgo dadas
las limitaciones para conocer cabalmente a alguien por Internet, lo que a su
vez originó una cultura de la precaución, con un capítulo crítico de cuidar a
los más chicos de la amenaza pedófila.
Así, se abrieron nuevas posibilidades para los romances
junto con los amoríos furtivos, las relaciones clandestinas y la oportunidad de
realización, incluso poligámica, de toda la diversidad del deseo, gracias a lo
mucho que se facilitó la búsqueda de personas afines y complementarias.
En cierto número de casos fue el comienzo de relaciones
estables y duraderas, incluso algunas que vencieron fronteras y océanos,
improbables bajo las circunstancias anteriores.
En todo ese destape estuvo presente el "mésenyer",
que así quedó asociado con emociones intensas de millones de personas, en una
cantidad y forma imposibles de experimentar en épocas anteriores, la mayoría de
las veces íntimas y secretas y sin duda imborrables.
Esa etapa en la vida de tantos se está cerrando en estos
días en que los usuarios descargan la nueva versión 6 de Skype y siguen los
pasos para incorporarle todos los contactos del Mesengger, mientras el viejo
software se desactiva en sus computadoras en forma automática y para siempre.
(Télam)
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